Historia del Convento de San Francisco Ciudadanía

Centro Municipal de Cultura San Francisco

Historia del edificio: Convento de San Francisco

Existe muy poca documentación sobre este convento bejarano, casi desconocido, a pesar de que su claustro es uno de los más bellos de la provincia de Salamanca.

Uno de los pocos documentos existentes sobre el antiguo convento se debe a Fray José de Santa Cruz, cronista de la Orden en el siglo XVII, quién habla de él en su “Crónica de la santa provincia de San Miguel  del orden de N.P.S. Francisco” (año 1671).   De él se desprende que el convento ya existía en el año 1343, fecha de inicio de la construcción de la iglesia siendo guardián Fray Pascual, y el estado del mismo en el siglo XVII. “El convento de Béjar tiene espacio al norte abierto en las mismas murallas… Por la parte que mira a la villa no está muy distante de las casas porque solo hay en medio una vistosa calle de álamos. Y por fuera de los muros ocupa lo alto de un despeñadero que cae al río llamado Cuerpo de hombre, a un lado, y en lo más llano de las laderas tiene una huerta muy capaz de frescas aguas y abundantes frutales y hortalizas. Lo que se conserva del edificio primitivo tiene mucha antigüedad y lo asegura el letrero de una piedad imbuida en la pared de la Iglesia, por la parte de adentro, junto a la puerta que da a claustro y que dice así: Esta Iglesia comenzó Franz Pasqual Guardián en la era de mil e CCC e XL e tres años e acábala su madre Domenga Gomez en la era de mil e CCC e L e cinco".

En 1534, a instancias del duque, “gran benefactor que había levantado el convento de su villa de Béjar desde sus cimientos”, Fray Nicolás Herborn,   establece que sus religiosos sigan igual observancia que los recoletos la provincia franciscana de Los Ángeles. Es la época de los duques Teresa de Zúñiga y Francisco I, quien probablemente fue tercio franciscano.

Las grandes obras a que se refiere Fray Nicolás, deben atribuirse a la casa ducal de Béjar, que acometió la reconstrucción probablemente en época de Pedro I (finales de 1417). En este convento fue enterrada, en 1450, su nuera Leonor Manrique de Castilla, prima de Isabel la Católica y esposa del primer duque de Béjar Álvaro I.

Los duques de Béjar, como patronos del convento realizaron grandes donaciones, tanto a la orden franciscana como a éste,  mientras subsistió. Contribuyeron a las obras de la Iglesia, abrieron a su costa una puerta, frente al altar mayor, con salida a la calle de Loa Álamos (actual Ronda de Navarra); costearon dos lienzos del claustro (el resto se hizo con limosnas); daban 30.000 maravedies de limosna al año y todas las gallinas necesarias para los enfermos; ampliaron y mejoraron sus habitaciones etc…

Tras la muerte del duque D. Juan, su viuda Teresa Sarmiento de la Cerda, y por encargo de su marido, solicitó el ajuste de los capítulos provinciales y así se hizo en el convento bejarano, estableciéndose  en él los estudios de Artes y Gramática. Fue esta misma duquesa, como tutora de su hijo Manuel, quien amplió la casa levantando de nuevo el cuarto principal que mira a la villa, con celdas en el piso superior y refectorio, cocina y otras dependencias en el bajo.

En el convento vivían habitualmente unos treinta religiosos que vivían de las limosnas de la villa y lugares vecinos.

Divididas las provincias franciscanas, el convento bejarano se incorpora a la de San Miguel (año 1548) pero, a instancias del Duque de Béjar, se agregó a la de los Ángeles el 31 de agosto de 1576. En el Capitulo de la Orden, celebrado en París en 1579, vuelve a restituir este convento a la provincia franciscana de San Miguel.

El convento tenía además fábrica de sayales, donde se confeccionaban los necesarios para abastecer a la provincia franciscana a la que pertenecía. Era una amplia casa, probablemente del siglo XVII, continua a la Iglesia, con fachada a la actual calle Ronda de Navarra.

La Iglesia de la que sólo quedaban, a principios del siglo XX, los cimientos y algún lienzo de pared, debió ser de estilo greco-romano y del mejor gusto, a juzgar por lo que podía observarse en los fragmentos de la cornisa y los pedestales de las columnas. Debió estar adosada a la actual fachada principal y ocupar gran parte de la línea del edificio que hoy alberga la Escuela Municipal de Música, comenzándose a construir el crucero a principios del siglo XVIII. El altar mayor ofrecía la novedad de estar situado en alto y tenía debajo otro más reducido donde se hallaba situado el Santo Cristo. Existían en la misma tres cofradías: la de las Ánimas, la de la Cruz y la de Santiago que únicamente admitía en su seno a los caballeros de la villa.

El claustro de planta cuadrangular, severa sencillez y bellas proporciones tiene una superficie cercana a los 500 metros cuadrados. Consta de dos plantas de altura, la inferior con siete arcos de medio punto, ligeramente peraltados, sostenidos por columnas de orden toscazo, de más de cuatro metros de altura y realizadas en piedra granítica. La planta superior, formada en cada línea por otros siete arcos escarzanos bastante rebajados, tiene una altura cercana a los tres metros. Abundan en él los escudos tanto de la Orden Franciscana como de la Casa Ducal. Las obras finalizaron en el año 1599.

En el cuadro realizado por Ventura Lirios, pintor de cámara del duque Juan Manuel II, en la primera mitad del siglo XVIII, en convento de San Francisco viene representado con el número 14, distinguiéndose en primer plano la huerta y algunos edificios subsidiarios, en segundo plano la Iglesia y, a su izquierda, el recinto claustral.

En 1990 quedaban restos de la capilla de la cofradía de la Cruz que, edificada en el año 1610, había sufrido tantas transformaciones que era reconocible únicamente por su portada de piedra, con una cruz griega en la parte superior, y por las bóvedas que cubrían la planta baja. A continuación de esta capilla se encontraba el refectorio, de enormes proporciones y cubierto por arcos de piedra fajones de medio punto que, en dicha fecha, aparecía dividido en compartimentos y estaba dedicado a almacén y carpintería municipales. Se conservaba asimismo la escalera de acceso a la planta superior, toda ella de piedra y abovedada. La que probablemente fuera capilla de la Cofradía de Santiago, de planta cuadrada y pequeñas proporciones, cubierta con bóveda de aristas y una hermosa portada de piedra, así como parte de los sótanos del edificio.

Aparentemente, el único vestigio que se conserva de la primitiva fundación, llevada a cabo probablemente a finales del siglo XIII o principios del XIV, son los lienzos de la muralla sobre los que se apoyó el convento, en lo alto del desfiladero por el que discurre el río Cuerpo de Hombre.

De la segunda época, cuando fue ocupado por la orden franciscana, se conserva como elemento más importante y en excelente estado, el claustro.

Texto: Ángela Asegurado García

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