Julián Casas "El Salamanquino" Empleo, industria, economía y hacienda y especial de cuentas
Nació en Béjar (Salamanca) el 16 de Febrero de 1818, pasada la guerra de la Independencia con Fernando VII como Rey de España.
Hijo de padre militar y madre de rica familia textil bejarana, recibió cuidada enseñada en su primera juventud. Al trasladarse su familia a vivir a Salamanca, comenzó estudios de Filosofía en la Universidad Helmántica, pero enseguida descubrió que lo que verdaderamente le atraía, eran el campo charro y sus reses bravas.
Aquí Julián comenzó, a juntarse con los torerillos de los tentaderos, a fijarse en ellos, a emularlos y dejar los libros. Enterada la madre de ello, con el padre ya fallecido, trató de apartarle de estos hábitos y aconsejada por la familia, internó a Julián en un correccional. Pasado algún tiempo abandono el centro, parque juró a si madre propósito d enmienda y continuidad de estudios, compromiso que, una vez fuera, no cumplió.
Al fallecer la madre, se dedicó de nuevo plenamente a sus correrías y fue uno de sus amigos toreros del campo charro, apodado Fraile, el primero que lo acogió en su cuadrilla y le dio la oportunidad de hacerse profesional.
En el año 1838, actúo por primera vez en Salamanca, en la cuadrilla de José Santos. Aquí alcanzó muy pronto gran popularidad, hasta el extremo de que cualquier matador que quisiera triunfar en esta plaza, estaba obligado a llevar a Julián Casas en su cuadrilla.
Era simpático, gallardo, intuitivo, inteligente, hablador y honesto, lo que le confería enorme facilidad para arrancar el aplauso de las gentes y compensar su carencia artística. Se ganó la amistad de empresarios y ganaderos. Una tarde lo vio actuar el empresario Antonio Palacios y le contrató para la Plaza de toros de Madrid, que
entonces estaba junto a la puerta de Alcalá. A partir de este momento toreó al lado de la figuras de la época: Curro Cúchares, Juan León, Francisco Montes Paquiro, Cayetano Sanz, El Chiclanero y otros.
El Salamanquino, arrancó triunfos y simpatías de todas las plazas de España y como se casó con una dama de Puerto Real, tomó arraigo en tierras andaluzas y fue uno de los toreros que mas contribuyó a eliminar las guerras que por aquel entonces existían entre los artistas castellanos y andaluces.
Curro Cúchares su fiel valedor y mas directo amigo, fue el que le animó tomar la alternativa, haciéndolo de manos de Manuel “El Lavi” en Madrid en el año 1847 (Se desconoce la fecha exacta).
En Pamplona protagonizó un hecho curioso: El 11 de julio de 1858 se lidiaban diez toros; cuatro a plaza entera, para Cuchares y él y los seis restantes, a plaza partida para espadas modestos. La primera parte se cumplió con éxito, pero en la segunda, un toro saltó la barrera divisoria y no hubo forma de volverle a su lugar, por lo que al sonar los clarines, Cuchares y el Salamanquino cogieron cada uno una muleta y simultáneamente, en media plaza, despacharon a sus oponentes, con el riesgo que esto encierra.
Hizo también las Américas, cosechando grandes éxitos y al final de su carrera, montó una ganadería de reses bravas en sus fincas de Béjar.
Julián Casas El Salamanquino fue un buen torero. Alternar con los mejores de la época, así le acreditan. Practicaba un toreo apasionado y valiente pero un tanto rudo. De haber tenido la cabeza fría y haberse dejado llevar por la razón, nadie hubiera podido con el. Tuvo muy pocos percances en sus treinta años de profesión.
Su despedida fue en la primera de las corridas reales que se dieron con motivo de la boda de Alfonso XII con Mº de las Mercedes, los días 25 y 26 de febrero de 1867. Alternaban, Lagartijo, Frascuelo, Currito, Cayetano Sanz, Gonzalo Mora y Manuel Hermosilla. Contaba ya con más de sesenta años y fue incapaz de matar el primer toro del encierro, que le fue devuelto al corral. Las fuerzas le habían traicionado. Pero a pesar de ello, el público le dedicó tan grandísima ovación a esta hombre, ejemplo en su vida de coraje y honradez que hizo de circunstancia una feliz despedida.
Falleció en Salamanca, el 14 de agosto de 1882 y se fue para siempre un torero digno, engrandecedor de la Fiesta Nacional.
José Alvarez-Monteserin Izquierdo
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